
La ansiedad se siente sobre todo en el cuerpo: palpitaciones, falta de aire, tensión muscular, molestias digestivas, mareo y hormigueo. Son síntomas reales, no imaginados, y conviene descartar causas médicas antes de atribuirlos a la ansiedad, sobre todo la primera vez.
Una parte importante de quienes tienen ansiedad no llegan diciendo estoy ansioso. Llegan diciendo que les late raro el corazón, que se marean en el supermercado, que tienen un nudo en la garganta desde hace meses o que el estómago se les descompone antes de cada reunión.
Eso no es que estén confundidos. La ansiedad es, sobre todo, un fenómeno del cuerpo.
Los síntomas físicos más frecuentes
- Palpitaciones o sensación de que el corazón late fuerte o irregular.
- Falta de aire, o la sensación de no poder llenar del todo los pulmones.
- Opresión o dolor en el pecho.
- Tensión muscular, sobre todo en cuello, mandíbula y hombros.
- Molestias digestivas: náusea, diarrea, colon irritable, nudo en el estómago.
- Mareo o sensación de inestabilidad.
- Hormigueo en manos, pies o alrededor de la boca.
- Temblor, sudoración, escalofríos o calor repentino.
- Nudo en la garganta o dificultad para tragar.
- Cansancio que no cede aunque duermas.
Son síntomas reales. No están imaginados ni son exagerados: la activación del sistema de alarma produce cambios fisiológicos medibles. Decirle a alguien con ansiedad que no tiene nada suele ser tan inútil como falso.
Los síntomas mentales, que se notan menos
- Preocupación difícil de frenar, que salta de un tema a otro.
- Anticipar el peor escenario y quedarse ensayándolo.
- Dificultad para concentrarse o sensación de mente en blanco.
- Irritabilidad, que casi siempre aparece primero en casa.
- Sueño roto: cuesta dormirse, o se despierta a las tres de la mañana con la cabeza acelerada.
- Sensación de irrealidad o de estar viéndose desde afuera.
Primero, descartar lo médico
Esto es importante y va antes que cualquier otra cosa. Hay condiciones médicas que producen exactamente este cuadro, y atribuirlo a la ansiedad sin haberlas mirado es un error caro.
- Problemas de tiroides, sobre todo el hipertiroidismo.
- Anemia.
- Arritmias y otras condiciones cardíacas.
- Asma y otros problemas respiratorios.
- Déficit de vitamina B12 o de vitamina D.
- Efectos de medicamentos, cafeína en exceso, o abstinencia de alcohol.
La regla práctica: la primera vez, y siempre que haya dolor de pecho, desmayo real o pérdida de peso sin explicación, se consulta con un médico. Cuando los exámenes salen bien y los síntomas siguen, ahí empieza el trabajo psicológico —y no antes, porque un cuadro médico sin tratar no mejora por hablar de él.
El círculo que los mantiene
Hay un mecanismo que explica por qué esto se vuelve crónico. Sientes una palpitación. Le prestas atención. Interpretas que algo anda mal. Esa interpretación produce más activación, y con ella más palpitaciones. Y ahora ya hay motivo para preocuparse.
A eso se suma la vigilancia: una vez que aprendiste a monitorear el pecho, empiezas a notar latidos que siempre estuvieron ahí. No es que el cuerpo se haya roto, es que se encendió un radar que antes estaba apagado.
Buscar los síntomas en internet, tomarse el pulso varias veces al día o pedir exámenes repetidos alimentan ese radar. Alivian un rato y dejan el problema más grande.
Cuándo dejar de esperar
Cuando lleva más de un mes, cuando ya estás organizando tu vida alrededor de los síntomas, cuando afecta tu sueño o tu trabajo, o cuando los exámenes vuelven bien una y otra vez y la tranquilidad dura tres días.
La ansiedad responde bien al tratamiento y responde mejor cuanto antes se empieza. Si aparecen ideas de hacerte daño, no esperes: en El Salvador, el 911 o la emergencia más cercana.
Cuando los exámenes salen bien y sigues igual
Si ya descartaste lo médico y los síntomas siguen, ahí es donde empieza el trabajo psicológico. Sesiones de 45 minutos, presencial o en línea.
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